El rito del mate, por Javier Ricca

historias alrededor del mate

El rito del mate. Hábitos y costumbres, historias y anécdotas

El mundo se ha detenido. Su mirada se inmoviliza en la caldera, como la de su antepasado en el cacharro de cerámica en el fuego. Toma maquinalmente el mate. Con la palma de la mano tapa su boca, lo invierte, como lo hacía su padre. Ahora ya no es necesario, la molienda de yerba es más gruesa. Pero lo invierte como lo hacía su abuelo. Detecta el primer zumbidito en la caldera. Antes que las imperceptibles gotas de vapor se fuguen por el pico, la levanta del fuego. El copete de yerba previamente dispuesto, se aprieta para no quemarse con el agua. El copete sonríe, ninguna gota me ha tocado. A su diestra el cuenco se hincha, gorgotea, el vapor transporta el aroma de la yerba, la fragancia de la tierra. Se estimula el cuerpo, se estimula el alma.

Espera unos minutos, los mismos que faltan para que el agua esté caliente. Su tío lo aprontaba con agua fría, recuerda, meneando la cabeza. Si supiera que en Brasil para cebar el mate, algunos utilizan un termómetro asegurándose que el agua no pase los ochenta y cinco grados. Seguro no lo creería… El silbido de la caldera se agudiza. Apuesto que el agua está a ochenta y tres grados, ironiza. El gana. Nadie lo fiscaliza. Cierra el termo, arroja un chorro de agua para sacar el aire, de igual modo que su antepasado arrojaba un poco de agua para ofrendar a la madre tierra.

Clava su bombilla, chupa el agua, la espuma, las burbujas, el brillo, chupa el ronquido, el agua entibia la garganta, el mundo comienza a girar.

El sabe que más tarde o a lo sumo mañana, esparcirá su yerba con fuerzas en el fondo de su casa o, con ternura, la vera remolinear en la pileta de la cocina. El no sabe que sus antepasados ofrendaban al creador de la yerba, el dios del bien Tupá, arrojándola al fuego para que abandonara este mundo sin profanación. Pero sabe que es de mala suerte pisarla, o que trae buena suerte desparramarla bien. Tupá se hace el distraído, que importa, el rito se sigue haciendo. Su creador jamás le hará faltar yerba, para que el mundo, al menos por un instante, se detenga otra vez.

Javier Ricca
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